Terapia con Ana

Personas controladoras y celosas

Personas controladoras y celosas

Personas controladoras y celosas

Miedos ocultos en el: “Quiero que seas solo para mí”

Autora: Ana Hidalgo

Cuando iniciamos una relación de pareja, el enamoramiento puede hacernos caer en las redes de personas controladoras y altamente celosas.

El “quiero que seas solo para mí”, o “deseo ser solo tuya” puede encerrar detrás demandas muy asfixiantes y controladoras.

Esta necesidad de poder o sumisión hacia otro, puede llevar a peticiones exageradas que esconden grandes inseguridades personales.

¿Qué lleva a las personas a convertirse en personas controladoras?

Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, atravesamos momentos de desamor.

Estos pueden venir de malas experiencias con anteriores parejas, pero también de momentos pasados de nuestra infancia.

En ambos casos, estas heridas de vida pueden servirnos para crecer, o bien, anclarnos al pasado si lo vivimos como algo traumático o impactante.

En cualquier caso, al sumergimos en una nueva relación de amor adulta, cargamos con las heridas de desamor pasadas.

Y, si conservamos estas heridas aún abiertas, es posible que intentemos subsanarlas con la nueva pareja.

Sería algo así como tratar de vendar una herida para que deje de sangrar en exceso, pero sin antes curarla.

De esta forma, si la herida está anclada en nosotros desde hace mucho tiempo, como traumas infantiles por una mala relación con los progenitores, y no ha sido curada en ningún momento, buscaremos relaciones de pareja sustitutas del amor y cuidado que no tuvimos.

Así, se cubren las carencias afectivas al tiempo que se alimentan, pues se elaboran conductas que unen desde el miedo.

Por ejemplo, se busca apresar el amor para que no se escape, a fin de que no vuelva a dañarnos.

Hay que destacar que, ante estas heridas no curadas prima el miedo a ser abandonados o no merecedores de cariño.

De este modo, conseguiremos una relación de pareja mantenida por el miedo que el desamor causó en nosotros anteriormente.

Nace así una relación de necesidad y dependencia y no de mutualidad y libertad.

El más claro ejemplo de estas heridas no curadas está en muchos casos de maltrato.

El maltrato es, con frecuencia, una forma de control que trata de maquillar el miedo del agresor a la soledad.

Ese miedo a no ser querido puede llevar a enjaular a la pareja evitando que vuele libremente y le abandone.

¿Por qué alguien querría estar con personas controladoras?

Como decía al principio, todos pasamos por experiencias de desamor pues es un modo ineludible de aprender a diferenciarnos.

Sin embargo, si nuestras heridas están abiertas, buscamos protegernos y construimos vínculos en los que no volvamos a sentir el dolor del desamor.

En estos casos, nos podemos convertir tanto en personas controladoras como controladas, pues tendemos a buscar complementariedad y fusión con aquellas personas que tienden heridas similares a las nuestras y entienden nuestra situación por haberla experimentado previamente.

Así, al menos en un primer momento, mientras uno trata de aferrarse a la persona amada controlándola para no perderla, la persona controlada se siente amada por tener la atención que anteriormente no tuvo.

Sin embargo, con el tiempo, esta situación puede ser totalmente asfixiante, pudiendo llevar incluso al control enfermizo y el maltrato.

Lo que en un principio parecía ser una simple manía o muestra de amor, puede transformarse en exigencias cada vez más desproporcionadas que llevan a perder la identidad y la relación con el mundo exterior.

Así, ambos se aíslan de posibles ataques externos y al mismo tiempo se cargan con más inseguridades.

Por otro lado, también puede ocurrir que aun teniendo nuestras heridas curadas nos enamoremos de una persona controladora.

Esto puede suceder debido al propio proceso de enamoramiento, en el que bajamos nuestras defensas y proyectamos en el otro nuestros deseos.

Si bien, estas relaciones suelen ser menos duraderas, pues al pasar esta primera fase se descubre lo que oculta realmente.

¿Cómo sé entonces si mi relación de pareja está en esta situación?

Por lo general, a las personas controladoras les cuesta creer que les quieren, y sienten que no merecen ser queridos.

Es más, suelen caer en sentimientos de pena, tristeza e incluso depresión por anticipar el miedo al posible abandono.

Hay que tener en cuenta que, cuanto más necesario es el amor del otro, más potencialmente destructivo es, pues el miedo al abandono es mayor, lo que genera una mayor necesidad de enganche.

Así, el control persecutorio garantiza la presencia del otro, al menos imaginativamente, sin tener necesidad de pedir ser amado.

Ten en cuenta que no se quiere reconocer la necesidad de amor por miedo al rechazo.

Por ello, se sustituye la relación de amor por la elección de dominio sobre el otro, camuflándolo en una muestra de amor exagerada.

En este tipo de relaciones es frecuente escuchar a sus miembros frases del tipo:

  • “Si no te vigila es que no te quiere”.
  • “Me llama a todas horas porque se preocupa por mí, el día que no lo haga sabré que ya no le importo”.
  • “Te quiero tanto que no puedo soportar que otros te miren, sufro pensando que otras personas puedan interesarte”.
  • “Si no sé en dónde estás en cada momento, sufro al pensar que te ha sucedido algo terrible”.

Por tanto, si ves que existe un cierto patrón a la hora de escoger tus parejas, es posible que se deba a que tienes heridas de vida que todavía no están curadas.

Aprende a cerrar puertas del pasado para que otras puedan abrirse de forma más sana.

Si necesitas ayuda en este proceso, ya sabes que me tienes a tu disposición para ayudarte a través de la terapia psicológica.

Puedes contactar conmigo pinchando aquí.

Sobre la autora:

“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.

Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.

Si quieres recibir semanalmente artículos sobre amor, desamor y relaciones en general, suscríbete gratis a mi blog en terapiaconAna.com”.

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