Terapia con Ana

Se me pasa el arroz de la vida

se me pasa el arroz

Se me pasa el arroz de la vida

Por qué te precipitas en las relaciones

Autora: Ana Hidalgo

Según van pasando los años, si todavía no tienes pareja o si la tienes, pero todavía no tienes hijos, es muy probable que pienses eso de: “se me pasa el arroz”.

Y es que, nos guste o no, los años pasan y la presión social apremia.

Con frecuencia muchas personas se precipitan en sus relaciones porque sienten que se les pasa el arroz sin poder remediarlo.

A veces, cuando sientes que no le gustas a nadie, tratas de agarrarte a un clavo ardiendo.

La consecuencia de esto es que al final eliges como pareja lo primero que se te presenta.

Crees no puedes aspirar a otra cosa y que más vale pájaro en mano que ciento volando.

Otras veces, “el reloj biológico”, o tu “necesidad” de sentir la maternidad/paternidad, te llevan a precipitarte al vacío.

Encuentro parejas que, pese a ir francamente mal, deciden tener hijos para al menos cubrir esta necesidad.

No faltan las que se emparejan para tener descendencia pese a sentir desde el minuto uno que no son compatibles.

¿Qué estamos haciendo?

¿Estamos dispuestos a pagar las consecuencias de tantas prisas y llorar después el duelo?

¿Por qué nos precipitamos?

Puede que estés pensando:

– “Ana, no me precipito, actúo. No me resigno a seguir igual, quiero tener pareja/hijos… sea como sea”.

Desde luego este “sea como sea” es una opción que puede ser tan buena como otra, si es tu elección y a ti te va bien.

Sin embargo, en consulta encuentro personas que no se han parado a meditar sus posibles consecuencias y terminan lamentándose.

Por ello, te comparto:

los principales motivos que llevan a precipitarte en pareja cuando sentimos que se pasa el arroz:

  1. Nos centramos en lo que nos falta en ese momento de la vida y no vemos lo que tenemos.

Ponemos el foco de atención en aquello que no estamos logrando y no somos capaces de dar valor al resto.

Esto puedo producirnos ansia por conseguir aquello que anhelamos y nos puede llevar a caer en una reacción precipitada.

  1. Tenemos baja tolerancia al dolor afectivo.

Especialmente algunas generaciones, se han educado para lograr todo aquello que desean y, cuando no se consigue aparece la frustración.

Se elige la “cantidad” de experiencias populares frente a la “calidad” a fin de no perderse nada pues de ser así, y no estar dentro de los cánones preestablecidos, el dolor afectivo que se siente es altísimo.

  1. Tu cerebro calcula los pros y los contras de manera poco efectiva.

A la hora de decidir nuestro cerebro calcula las probabilidades de éxito y el costo de la recompensa de forma automatizada y con bastante éxito en muchas ocasiones.

Por ejemplo, esto nos ahorra tiempo en el día a día como decidir qué calcetines nos vamos a poner hoy.

Sin embargo, cuando estas decisiones se realizan en áreas en las que no tenemos mucha experiencia, la probabilidad de fracasar en esas estimaciones es alta.

  1. Buscamos la recompensa instantánea.

Algunas investigaciones han demostrado que la recompensa inmediata es uno de los factores que más determinan las decisiones.

Decir sí a una relación de pareja puede aliviarte, casi inmediatamente, tus sentimientos de que se te pasa el arroz.

De este modo, también se evita la frustración que produce la espera.

  1. Nos aferramos a la “verdad popular”.

La presión social nos lleva a creer que todo lo que oímos es verdad y que la realidad no es cuestionable.

Se comenta: “Si a los 30/40 no tienes pareja/hijos se te pasará el arroz y no podrás ser feliz”.

Sin embargo, se puede ser feliz sin tener pareja/hijos, de hecho, muchas personas son felices sin este apéndice.

De igual modo, el tener pareja/hijos no garantiza la felicidad. Sin embargo, a veces olvidamos reflexionar sobre ello.

  1. Nos asusta la incertidumbre

  • “Ana, ¿Y si no encuentro a nadie?, ¿y si tardo tanto en decidirme que no puedo ser madre/padre?”
  • Dímelo tú, ¿qué es lo peor que te podría pasar en ese caso?

No pretendo dar lecciones, pues yo misma caigo en este tipo de trampas en dependiendo qué temas, sin embargo, el salirse de lo establecido de vez en cuando puede ser muy liberador.

¿Qué tal si pruebas esta vez a buscar tu propio camino?

Recuerda que tienes más opciones de las que ves a simple vista.

Cuando estás en un busque, a veces un árbol está detrás de otro y no se ve tan fácilmente.

Echa un vistazo amplio a tu realidad.

Por tanto:

Según nos acercamos a una nueva década, es frecuente caer en “crisis” y sentir que la vida no va en la dirección que queremos, se nos pasa el arroz, se nos agota el tiempo…

Sin embargo, esta emoción de insatisfacción puede ser algo muy valioso si, en lugar de precipitarte a calmarla, la utilizas para revisar hacia dónde quieres ir en realidad, dónde te encuentras y hacia dónde quieres caminar.

Recuerda que más importante que los años que tengas son los años que sientes en ti, pues como ya dije en otro artículo, no es lo mismo vivir que estar vivo.

Y tú, ¿has sentido alguna vez que se te pasaba el arroz?

Me encantará leer tu experiencia en los comentarios.

Recuerda que si deseas recibir mi ayuda profesional puedes hacerlo en terapia@terapiaconana.com

Sobre la autora:

“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.

Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.

Si quieres recibir semanalmente artículos sobre amor, desamor y relaciones en general, suscríbete gratis a mi blog en terapiaconAna.com”.

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